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Siempre he sido una persona creativa, alguien con muchas ideas y sueños. Se podría decir que alguna vez me ha costado poner los pies en la Tierra; pero eso nos pasa a todos los que soñamos a lo grande.

Viviendo toda la crisis del COVID-19 y estando encerrada en casa, se me ha despertado una creciente necesidad de crear y aportar, de compartir mis pasiones y los temas que me interesan.

El otro día me encontraba en una conversación en la que yo comentaba que uno de los retos más grandes con los que me he topado ha sido el de tener muchas ideas sin continuidad, ideas que han muerto en el intento vaya, ideas que me ha dado miedo ejecutar.

La persona con la que hablaba me dijo muy tranquila que las ideas hay que ir sembrándolas y regándolas; al final una siempre germina, pero no podemos esperar que todas salgan bien. El paralelismo con las semillas me hizo gracia y feliz a la vez. Os cuento porqué.

Mi madre y yo somos compañeras de piso, con la pequeña distinción de que ella paga la hipoteca. Hace un par de semanas se marchó a pasar unos días de vacaciones a la montaña y me quedé sola cuidando del castillo. Me sentí muy ilusionada de que durante unos días podría por fin comprar la comida que quisiera y prepararme menús sanos a mi manera. Sí, eso es algo que me hace ilusión.

Con esto en mente decidí poner unas lentejas a remojo para cocinarlas al día siguiente. Como buena procrastinadora, a la mañana siguiente me levanté pronto y me fui a la playa con dos de mis mejores amigos a pasar el día. Al regresar por la noche e ir a hacerme la cena, vi que las lentejas habían empezado a germinar felizmente. Me hizo bastante gracia al principio la verdad, pero rápidamente me supo mal, porque en casa siempre me han enseñado que la comida no se tira.

En vez de verterlas en la basura orgánica decidí experimentar e intentar darles una nueva vida. Esparcí la mayoría por las zonas del jardín con menos hierba y la verdad es que desde entonces no he comprobado si mi experimento ha dado su fruto. Pero, por otro lado cogí un bote de cristal y puse tierra de plantar dentro, luego añadí 20 o 25 lentejas germinadas que había seleccionado, introducí un poco más de tierra y bastante agua. Ahí lo dejé, en la cocina.

Lo volví a regar durante los dos días siguientes, luego me olvidé. Un par de días después de mi olvido, pasaba por la cocina y ahí vi, por el rabillo del ojo un destello de color verde. Había solo un brote, uno pequeñito. De 20 o 25 lentejas solo una había surgido.

Os parecerá una tontería pero esa lenteja es una metáfora perfecta de mis ideas, de mis proyectos y de los de todos, una metáfora para la vida en general. Os parecerá también tonta la sonrisa que se me dibuja al regar esta lenteja cada mañana, al ver como cada día se estira un poco más. Os parecerá tonto que me podáis encontrar un par de minutos al día buscando en google como cuidar de una lenteja o como trasplantarla. Al igual que con mis ideas mínimamente germinadas, investigo el siguiente paso y hago lo posible para aprender y conocer los pasos a seguir para que todo florezca.

Plantad lentejas. A mí me funciona. Si podéis esforzaros para que florezca y crezca alguna lenteja sin conocimiento alguno de botánica, aún que sólo sea una, podéis hacer lo mismo con vuestros proyectos, ¿no? Digo. Constancia e información.